destacada / Motherhood

Estoy en la puerta del jardín de infantes de mi hijo menor, donde la espera se convierte en una parafernalia de voces estruendosas y risas forzadas, madres desesperadas por tener la palabra en cualquier charla, pero ninguna dispuesta a escucharse.

Una madre habla de su “medio hermano”. En ese mismo instante, y gracias al vocablo lleno de “categorías” de esta persona, recuerdo el “medio kilo” de helado que tengo que comprar para hacer la crema de papaya del postre de esta noche.

“Meio irmão”. Dos palabras muy poco “combinables”, a pesar que el diccionario avale su conjunción. “Medio-hermano”. ¿Queremos expresar el estado de una hermandad más “light” o de un amor “a medias”? ¿Es posible, acaso, el “medio” amor?

Aquel día en el jardín de infantes, esa persona grande y adulta, me preguntó cuándo le iba a dar un “hermano” a mi hijo menor. Esta persona me conoce y sabe cuántos hijos tengo. Tengo dos: ellos son hermanos, enteros y completos. No se quieren “a medias” ni “por la mitad”. Se aman y viven su hermandad de la forma más plena. Tienen distintos padres, nada más. Esta diferencia no los hace ni más ni menos (o “medios”) hermanos.

¿Y si adoptamos? ¿Cómo denominarían el vínculo entre padre e hijo adoptado? ¿Lo llamaríamos “hijo a medias” o “medio hijo”? Hay que  tomar conciencia del poder de la palabra: una vez fuera de la boca, éstas pueden ser muy poderosas. A veces, poco amables. Otras, incluso violentas y filosas. Es un grave error pensar que “a las palabras se las lleva el viento”. Por el contrario, tienen tanto poder que pueden adueñarse de una persona, incluso de un niño, de sus pensamientos, hacerlo dudar o, peor, hacerlo sufrir.

Si seguimos utilizando términos como “medio hermano”, ¿cómo le explico a mis hijos cómo funcionaría eso de ser “hermanos por la mitad”? Si son sus sentimientos y el amor que se tienen lo que define ser o no ser “hermanos” y no un concepto antiguo y erróneo.

Dejemos el “medio” para el mediodía, para el medio kilo de helado, la media docena de huevos o el medio kilo de tomates. Y hablemos de “hermano” a secas, sin adjetivos ni “mitades”. Porque cuando se ama, se ama sin categorías ni etiquetas. Cuando uno ama, lo hace con el corazón, de forma plena, completa y e n t e r a.

Texto de mi querida hermana @florconzi, quien vive en San Pablo y tiene dos hijos, hermanos “enteros” que adoro con el alma. Para que no me rete, tengo que decir que la ayudé un poquito con el aspecto formal del texto (porque la historia detrás de estas palabras, es de ella).

28 de agosto de 2017


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