LifeStyle / Motherhood

juaniiiiPara las que no llegaron a leerlo, en el post de la semana pasada les conté sobre la no-adaptación de Juan en el jardín de infantes. El paradigma que manejan acá en Estados Unidos y lo difícil que es cerrar la puerta sabiendo que tu hijo queda ahí dentro llorando y pataleando porque se quedó “solo”, así de golpe.

Una seguidora que vivió muchos años en Philadelphia me dijo, “put your foot down, pisa bien fuerte y no dejes que te impongan algo con lo que te sientas incómoda”.

Hay una sola cuestión. Cuando algo no nos gusta o va en contra de nuestros valores, tenemos que animarnos a pisar bien fuerte y defender nuestras creencias a uñas y dientes. No es fácil, pero es lo que nos hace ser quienes somos. Y eso es lo más importante.

En ese jardín de infantes duró solo tres días. Tres días fueron suficientes para “pisar fuerte” y dejar de escuchar el discurso monótono de la directora. “Acá las reglas son así porque creemos que es lo mejor para los chicos, en ningún jardín de infantes te van a dejar quedarte con él”. Lo saqué de ahí, me fui y no volví más.

Pero no me quedé de brazos cruzados, seguí buscando (sin parar) con el objetivo de encontrar el mejor jardín de infantes. No “el mejor”, sino “el mejor para él”. Y la que sabe qué es lo mejor para él soy yo, no una directora, una maestra o cual paradigma se presente.

Y de eso se trata. De buscar, investigar, ir y venir, hasta dar con eso que nos haga sentir (un poco) más como en casa. Me gusta la idea de “como en casa”, ese gustito familiar y afín a nuestras creencias. No voy a encontrar el paradigma de educación que quiero porque ese está allá, en mi país. Pero sí buscar esos “grises”, como decían ustedes. Un punto medio: una negociación. Y eso fue lo que hice.

Busqué y busqué (mañanas de auto, tocar puertas, hablar con directivos) hasta que encontré un jardín de infantes con gente más cálida y dispuesta a “escucharme” en serio. La directora entendió que Juan, si bien todavía no habla, él sólo entiende el español y que, en mi país, las madres hacen “adaptación” con sus hijos cuando empiezan el jardín.

No sólo me escuchó sino que también entendió mi preocupación. Y es así que llegamos a un acuerdo: me van permitir quedarme una semana en la salita de Juan para poder hacer mi “adaptación criolla”. Una semana, es mucho y es poco al mismo tiempo, según cómo se mire. Por ahora, para mí es mucho.

Juan empieza el jardín la semana que viene. Mientras tanto, el “jardín” lo hacemos en casa!

Gracias a todas por sus besos y abrazos virtuales. Por sus consejos e ideas. Leí todos y cada uno, y me nutrieron, en serio.

Hasta el próximo post!


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *