Motherhood

whatsapp-image-2016-10-26-at-8-09-00-am5 claves para lograr una maternidad “slowmotion” y cómo las aplico a mi vida diaria.

Desconectarse para conectarse

Empecé con este ejercicio clave. Para conectarme con el aquí y ahora, ese espacio-tiempo que comparto con mi hijo, tengo la necesidad (imperiosa) de desconectar mi celular por unas horas. Apagarlo, dejarlo en un cajón o en el auto. Ipads, computadoras, incluso Netflix (una de las grandes “adicciones tecnológicas” de mi casa), todo tiene que quedar des-conectado. Sin alertas, ni sonido. Nada. Para otras mamás, la “conexión” que desconecta puede pasar por otro objeto, incluso por una actividad (cocinar, hacer gimnasia o incluso limpiar la casa). Desconectarse para conectarse es mi primera clave para intentar una maternidad slowmotion. Vamos con la segunda.

Respirá profundo.

Inhalar y exhalar. Nada como este ejercicio de relajación que nos hace “parar la pelota”. Dejar el trabajo y las agendas “mentales” a un lado. Dejar de maquinar. Para vivir con plenitud una maternidad más “lenta”, es importante saber parar un cambio y adquirir otros “ritmos”. Al hablar, al actuar, al relacionarnos con un otro. Y, sobre todo, si ese “otro” es nuestro hijo. De hecho, ellos ya tienen otro ritmo, muy distinto al nuestro. Todavía no están contaminados por nuestra dinámica moderna y por esa vida “a mil” que llevamos.

Observar y oír.

Observar sin que se den cuenta. Oír sin decir. Este lugar “pasivo” es otra forma de interactuar con ellos. Me gusta, y mucho, verlo caminar de acá para allá o esconderse en los arbustos del jardín de casa (¡está fascinado con eso!). Todo es una nueva aventura para él (y lo es también para mí). Sus movimientos, sonidos e interacciones con juguetes u objetos. Esta es otra forma de conocerlo y relacionarme con él. Darle su espacio, libertad y autonomía. Cuáles son los juguetes que agarra primero y cómo los usa. Un lugar pasivo que, sin embargo, me da mucho de él.

Aquí y ahora.

Hace un par de años, mi mamá me regaló un gran libro. “El poder del ahora” me reveló dos palabras simples que, juntas, dicen mucho: aquí y ahora. Una propuesta espacio-temporal para conectarse con el presente, con el momento, con eso que ya mañana habrá dejado de ser (darle besos en sus piecitos, imitar el sonido de los patos o disfrutar de una siesta con él, una tarde de lluvia). El “aquí y ahora” anula otras dos construcciones (imaginarias, por cierto): el pasado y el futuro. Borges llegó a negarlas y estaba en lo cierto. Dejar de lado lo que nos angustia y nos hace mal del “pasado” y también anular las preocupaciones y ansiedades que nos trae el “futuro”. Porque, en definitiva, pasado y futuro no existen más que en nuestra imaginación. Y cuánto más libre (y liviana) me siento cuando me doy cuenta de esto!

Juego de a dos.

No soy de esas madres que se sientan a jugar con sus hijos horas y horas. Las admiro muchísimo, pero nunca logro tener tanta paciencia. Por otro lado, me gusta que mi hijo juegue solo y sepa divertirse sin ningún tipo de estímulo externo. Disfruto verlo mover las rueditas de los autos sin parar o tocar siempre el mismo botón de su cajita de música. Así y todo, una vez al día me saco los zapatos y entro en su carpita, jugamos a escondernos en el “bosque encantado” o le paso la pelota con velocidad y espero que me la devuelva. Dedicarle tiempo para un juego, escuchar una canción con él o leerle un cuento. No digo de sentarte horas, sino de darle, más que cantidad de tiempo, calidad de un momento!

Qué más harías para lograr una maternidad slowmotion?!

Hasta el próximo post!


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