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Durante mucho tiempo fui turista en mi propio país. Me mudé tres veces en tres años, viví en casas vacías que nunca decoré y, por el trabajo de mi marido, hasta llegué a dormir en cuatro camas diferentes en una misma semana. Siempre, de acá para allá, con un bolso de ropa y la computadora a cuestas.

Este libro lo compré apenas me mudé a Estados Unidos. Hoy compruebo que la literatura es universal y, la infantil me inspira, siempre, más de lo que espero. Eso pasó con “Where bear?”, el primer libro de @sophyhenn, me llegó al corazón y me inspiró. La búsqueda de un lugar en el mundo, su tema principal, se traduce en la historia de un niño que ayuda a su oso polar a encontrar un “hogar”. Y lo más fascinante de esta historia es que ese hogar queda muy lejos de donde vive este niño, pero a éste no le importa porque sabe que su amigo necesita encontrar un hogar para ser feliz.

Si hay algo que aprendí durante aquella transición (en la que dejaba de ser una turista itinerante para empezar, de una vez por todas, a poner “flores sobre la mesa”) es que el hogar no lo hace ni la geografía ni las paredes que te rodean. El hogar lo hace uno. Podés tener la casa de tus sueños y nunca sentirla como un hogar. Podés vivir en el barrio donde viviste toda tu vida, y tampoco sentirlo como tu hogar. O sí, pero eso no depende del lugar ni de los escenarios, depende de uno.

Hoy, después de partir, “partirme”, aprender a soltar (¿y saltar?), siento este lugar como mi hogar. Qué paradójico, en mi propio país, cerca de mi familia, de mis amigos y de mis costumbres, nunca lo había sentido. Porque no se trata de vivir acá o allá, cerca o lejos. El hogar lo hace uno, donde sea que lo “construya”.

También me descubrí hurgando en otro tipo de “hogar”, uno mucho más interno. Algunos lo llaman sueños personales, otros los llaman proyectos. Yo lo llamo “hogar”. Es encontrar nuestro lugar en el mundo, animarnos a hacer lo que queremos o permitir el re-encuentro con nuestra esencia (y nuestras pasiones). Es un camino, para algunos más largo que para otros, y la clave está en animarse a transitarlo.

Entonces, además de recomendar este gran libro para ellos (y para ustedes), los saludo desde mi escritorio, con una cerveza en la mano y un florero lleno de margaritas.


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