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kentuckyHace una semana llegamos a Kentucky, la ¨capital de los caballos¨ (y la razón principal de nuestra gran mudanza). En una semana encontramos casa y acá estamos, retomando la rutina y la cotidianidad. Poco pude conocer la ciudad, que recorrí sólo para hacer trámites, buscar casa y jardín de infantes.

Había googleado sus paisajes, su historia y cultura, pero nada se compara a la información que te da el aquí y ahora, ese ¨choque¨ real con el lugar, con sus escenarios y aromas, con su gente, sus usos y costumbres.

Me gusta la palabra choque porque tuvo mucho se sorpresa, de asombro. Llegue y choqué con un lugar del cual me habían hablado mucho, pero del que poco sabía. Gente amable y muy servicial, cuando lo que esperaba era encontrarme con gente fría y distante. Burocracia simple y rápida, todo es fácil, desde conseguir un auto hasta contratar el gas. Me imaginaba un pueblo chato, con mucho campo y poca ciudad, y me encontré con una geografía que combina campo y ciudad logrando un equilibrio perfecto. El lugar, el clima y la gente, todo es (un poco) familiar. Y, para mí, eso es suficiente.

Después de una larga búsqueda, el viernes pasado nos mudamos y así le dimos la bienvenida a la rutina (la cual, confieso, esperaba y extrañaba mucho). Volví a comprar mi carpettita para los servicios, armar la lista de supermercado, la planificación semanal de comidas, a cocinar y freezar. Muy atrás quedó la vida de hotel, de ir de acá para allá con la valija a cuestas (los que me conocen saben que lo venimos haciendo hace tres meses) Con nuestro nuevo hogar, dejé de ser aquella turista itinerante y nada me da tanta felicidad como eso.

Hoy, vuelvo a poner flores sobre la mesa (y qué lindo se siente).

Hasta el próximo post!


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