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Las madres tenemos muchas presiones: por hacer las cosas bien, por darle lo mejor a nuestros hijos, por no equivocarnos. Pero ese modelo de “mamá perfecta” no es más que una presión que nos impone la tradición y la sociedad.

Deberíamos empezar por preguntarnos, qué significa ser una madre perfecta. Según Inés Di Bártolo, psicóloga y autora del libro “El Apego”, esa presión (socialmente) “construida” tiene que ver con la fantasía de crear una vida perfecta para nuestros hijos, sin frustraciones. Es esta presión lo que nos hace “desear” ser perfectas. Sentir mucha culpa cuando nos equivocamos y autoexigirnos al máximo cuando no podemos alcanzar esa vara tan alta.

Según un informe internacional realizado por Baby Dove, 7 de cada 10 mujeres reconoce que les preocupa no ser suficientemente buenas como madre. Y yo lo confieso: siento exactamente lo mismo.

Con un tema en particular, siento esa presión del modelo de perfección: mi hijo se duerme en mi cama. Nunca logré que se duerma en su cuna, sino que lo tengo que pasar una vez que se durmió abrazado a mí (y en mi cama). Muchos me dicen que lo estoy “malcriando”, “sobreprotegiendo” o que nunca voy a poder sacarlo de mi cama. Listo, no soy una ¨madre perfecta¨, porque no lo hago dormir en su cuna. Y esto, aunque no lo crean, muchas veces me preocupa porque siento esa presión de ser la “madre perfecta”.

Ahora bien, existe realmente esa “perfección” en la maternidad?! La sociedad, definitivamente, nos impone un modelo de ser mamá. Perfecto, por cierto. Desde la publicidad hasta los discursos familiares. Todo el entorno es una presión para una madre, un ser que a la vez es vulnerable (siente miedo, inseguridad y mucha presión).

Por otro lado, la exigencia proviene de nosotras mismas, de lo que nos auto-imponemos. Tenemos un problema doble. Y, en ese elogio a la perfección se corre el peor riesgo de todos: esperar que los hijos también sean perfectos y es por eso que se deposita en ellos una presión muy grande. “Si podemos aceptar nuestras imperfecciones, también podemos aceptar la de nuestros hijos. Poder tolerar las limitaciones es un legado muy importante.

La psicóloga Inés Di Bártolo concluye, “No hay una forma correcta de ser mamá. Esta es una idea equivocada que alimenta la idea de la perfección. Ser mamá es artesanal: es armar un traje a medida que hay que coser con cada bebé”. Esta frase es perfecta porque tiene una palabra clave: artesanal. Ser mamá es como ser un artesano que construye sus propias reglas y formas.
Es difícil cambiar el paradigma, romper con las exigencias sociales y personales. Es difícil aceptar que somos seres imperfectos, reales, humanos. Somos madres y cada una tiene su manera de serlo y eso está muy (pero muy) bien. Pero hay que empezar a hacerlo, para cortar con ese círculo vicioso que impone el modelo de perfección (que empieza en nosotras y sigue en nuestros hijos).
Creo que no hay una forma “perfecta” de ser madre. Sino que cada una tiene que confiar en su manera! Porque vamos a dar todo de nosotras para hacer lo mejor por nuestros hijos. Pero sólo nosotras podemos saber qué es lo mejor para ellos! Ni un libro, ni un paradigma, ni una presión social.
Nos sumamos al proyecto de Baby Dove y su bandera: “no existen mamás perfectas, sólo mamás reales”. No soy una mamá perfecta. Cuanto más tranquila (y liviana) me siento al decirlo!
Sumate! Por menos mamás perfectas y más mamás reales!
Luti y Mili

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