destacada / Motherhood

Querido niño,

Al final del día, me doy cuenta que son más las cosas que aprendo de vos, de las que vos aprendes de mí. ¿Cuándo perdí tu sabiduría?

Quizás fue en el mismo momento en que dejé de reírme de mí misma, cuando mis defectos se convirtieron en un peso difícil de soportar.

¿Habrá sido, también, el día en que empecé a preocuparme por lo que piensen los demás? ¿Cuando la mirada de los otros triunfó sobre la mía?

Querido niño, ¿habrá sido, acaso, cuando dejé de sentir, escuchar, oler, observar y habitar el mundo con mi cuerpo? ¿Cuando perdí la costumbre de oler los jazmines en noviembre, escuchar el sonido de las chicharras en verano o sentir la textura y temperatura del pasto con la planta de mis pies? ¿La perdí cuando preferí ver el mundo desde mi casa, a través de aparatos y pantallas?

Quizás la perdí cuando dejé de hacer las cosas que me hacían bien, como besar la trompa de mi perro o andar en bicicleta. La perdí cuando dejé de jugar en las vías de tren abandonadas con mi mejor amiga, porque la calle dejó de ser un lugar seguro. La perdimos cuando nos encerramos en estos barrios llenos de portones, cercos y calles asfaltadas.

Sí, la perdí el día en que dejé de hacer lo que se me daba la gana. Cuando dejé de saborear un buen helado para contar sus calorías y cuando dejé de vestirme siempre igual, con jeans, musculosa y “All-star”, para seguir una moda insistente, desenfrenada y empalagosa.

Sabiduría. La perdí cuando sumar años dejó de ser copado y tentador, cuando ya no necesitaron chequear mi documento en las puertas de los boliches, cuando empecé a preocuparme por las canas en el pelo y las arrugas en la piel.

La perdí cuando un par de mensajes de audio reemplazaron las tardes de mate, cara a cara, con mis amigas. Cuando el teléfono se llenó de muchos “te extraño, ¿cuándo nos vemos?”, mientras mi casa seguía vacía.

Querido niño, perdí tu sabiduría el día en que me convertí en una persona “grande”. Sí, el mundo está al revés, no puedo darte otra explicación que esa. Mientras tanto, yo aprendo de vos.

Feliz día, queridos niños.

 


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