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adaptacion

“Las madres dejan a sus hijos y se van. Señora, aquí no hay adaptación. Y no se preocupe, en algún momento va a dejar de llorar”. Estas fueron las palabras de la directora del jardín de infantes, el primer día de Juan. Por supuesto, nunca dejó de llorar. Y yo nunca me fuí.

Sabía que me enfrentaba a un primer día de clases sin adaptación y que iba a ser difícil. Lo que nunca imaginé es que sería tan (taaaan) difícil. Cuando cerré la puerta, dejé atrás un bebé muy angustiado. Describir el escenario es redundante, pero lo hago igual: el típico llanto desgarrador, con muchos gritos y algunos pataleos. Lágrimas corriendo por sus mejillas y el inevitable vaivén de sus mocos que me hacía sentir aún peor. ¿Cómo se hace para dejar a un hijo así?

Allá, en mi país, a ese bebé angustiado que empieza el jardín lo acompaña su mamá durante un mes. Acá, no te dan ni un día. Ni un minuto, ni un segundo. Chau, andate, vení a buscarlo cuando termine el horario. No te quedes (en el caso que quisieras, tampoco te dejaría). En algún momento, va a dejar de llorar, vas a ver. Pero, ¿qué pasa si nunca deja de llorar?

El sistema educativo en Estados Unidos no comprende el proceso de adaptación al jardín de infantes. Digo proceso, porque no es algo que se da de un día para el otro. Es una etapa larga y pro-gre-si-va. Una periodista la llamó “tortura criolla”, porque en Argentina los padres se pasan un mes adaptando (y “adaptándose”). Adaptación made in Argentina. En cambio, en este país, las madres dejan a sus hijos y se van.  Simple, rápido y fácil. Son “adaptados” que no hacen ni necesitan adaptación alguna.

¿Adaptación? ¿Qué es eso? Acá no existe “adaptarse” a algo. Ellos tienen sus propios paradigmas. Y no quiero ir en contra de eso, solo que no puedo ir en contra de los míos. No puedo, ni quiero. Entonces, tengo que hacer mi propia, interna y dura adaptación. A mí manera, porque acá no hay ningún paradigma que me avale. Tengo que dejar a mi hijo e irme. Y ver qué hago con aquel sonido desgarrador de su llanto, que desvanece a medida que sumo pasos y me voy (aunque mi cabeza siga ahí).

Me queda un gran desafío por delante. Leo consejos y sugerencias para mi futura “adaptación criolla”.

Hasta el próximo post!


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